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La mayoría de las parejas pasan por momentos críticos en su relación, los cuales suelen ser causa o consecuencia de una infidelidad. Cuando uno de los dos rompe el compromiso de lealtad sentimental que contrajo con el otro y se quiebra la promesa de exclusividad sexual respecto de la otra persona, no es sencillo elegir entre confesar u ocultar la situación. Ambas opciones presentan riesgos.

Buscar nuevas experiencias. Sufrir el cansancio y deterioro causado por los años de convivencia. Sentir insatisfacción emocional debido al abandono afectivo por parte de la pareja. Tener una aventura para afianzar la propia autoestima. Experimentar una “crisis de la edad madura” con la necesidad de sentirse aún joven y atractivo... .

Las razones que llevan a una persona a serle infiel a su pareja son muy variadas, pero son bastante conocidas y la mayoría de los casos se encuadran en alguna de ellas. Lo que no está tan claro y es un punto polémico sobre el cual no se ponen de acuerdos los expertos, es si conviene o no decir la verdad a la persona engañada  .

Para algunos especialistas la salida más eficaz radica en mantener una comunicación abierta con el compañero o compañera  y no caer en la trampa de callarse los problemas y no compartirlos.

Ante la infidelidad –sostienen los partidarios de la “confesión”- hay que hablar serenamente con la pareja, intentar conocer los motivos del problema y ver si se pueden superar.

Por medio del diálogo hay que tratar de comprender lo ocurrid, afrontar el conflicto con serenidad y evitar dar cosas por supuestas de antemano antes de hablar de hablar con el otro. Reconstruir una relación después de una infidelidad confesa, suele ser difícil, pero vale la pena intentarlo, aseguran.

De la traición a la confesión

Algunos asesores de pareja consideran que las parejas se destruyen al no confesar una infidelidad, porque si la aventura se mantiene en secreto se traiciona la intimidad de la pareja y no se puede hacer nada para recomponerla, pero en cambio si se confiesa el desliz puede ser el punto de partida para arreglar los problemas y lograr cambios positivos en la relación, aunque ello no está exento de riesgos.

El psicoterapeuta transpersonal José María Doria no está de acuerdo con este punto de vista, porque “en nombre de la verdad, muchas personas confiesan a su cónyuge o pareja que la han engañado con otra, lo cual produce un gran daño en el “engañado” y, a veces, encubre el sentimiento la culpa y una necesidad de perdón y aprobación del “engañador”.

“Hay que tener mucho cuidado, porque nuestra pareja no se merece nuestras infidelidades y menos conocerlas: si se le describe literalmente lo que ha sucedido, va a desconfiar de uno y de la relación toda la vida, va a mantener dentro una herida muy profunda por el engaño y nunca va a dormir tranquila cuando se atraviesen situaciones que asocie a la infidelidad”, señala.

Para este experto, “el mero desahogo literal de los acontecimientos, sin tener en cuenta otros factores, produce una cadena de consecuencias tóxicas, porque todavía no estamos preparados para asumir esas verdades llamadas infidelidad”.

Para el doctor Bonnie Eaker Weil, autor del libro “¿Se puede curar y perdonar el adulterio?” es preferible no confesar la infidelidad o al menos mantenerla en secreto durante algún tiempo, si su pareja está bajo un gran estrés, si es una persona muy rencorosa, si puede reaccionar con violencia o abusos físicos, o si el romance clandestino ha sido “debut y despedida” o ha sucedido hace ya mucho tiempo.

¿Peor el remedio que la enfermedad?

El doctor Weil coincide con Doria en que “la honestidad absoluta no es siempre lo mejor”, pero –señala- incluso si no confiesa la infidelidad hay que tratar de entender por qué se ha producido esta aventura amorosa”.

Para el psicólogo y terapeuta de pareja, Walter Riso decir la verdad o no depende de cada persona, ya que hay “casos en los cuales la confesión de un beso furtivo desmoronó matrimonios de muchos años y que se llevaban bien”.

Para Silvia Fittipaldi, autora del libro “2+1= engaño”, “la infidelidad es, en primera instancia, un problema del infiel, que suele ser una persona que tiene conflicto con su deseo. Entonces la pregunta sería... ¿el infiel engaña o se engaña? ¿Dónde quiere estar? ¿Qué relación quiere conservar, el matrimonio o su relación paralela?

La escritora no ve nada positivo en contar la verdad sobre todo porque daña y hace mal al otro.

“Lo importante es que un infiel se plantee qué le está pasando y plantee los problemas que tiene con su pareja. Lo demás, es parte de su intimidad, aunque de todos modos las parejas suelen intuir las infidelidades, si no ponen un velo sobre la realidad para negarla”, señala.

MSN - Por Rocío Gaia/EFE Reportajes

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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